Miedos, Ansiedades y Sobreprotección

Si bien en la vida atravesamos por situaciones que nos generan miedos, seguramente la enfermedad de un hijo y la posibilidad de perderlo, es la circunstancia que mayor desequilibrio emocional ocasiona. A nosotros padres, nos invade el miedo, la angustia, la ansiedad, la tristeza, la impotencia, la bronca y muchos sentimientos más, imposibles de traducir por el inmenso dolor que sentimos al ver a nuestro hijo en esas circunstancias.

El SUH es una enfermedad que golpea muy fuerte desde el principio, generando desconcierto, ante la dificultad de los médicos para darnos un diagnostico y una vez que se detecta, todo sucede precipitadamente, una carrera contra el tiempo: operaciones, diálisis, transfusiones… En cuestión de horas nuestro hijo pasa bruscamente de mostrar toda su vitalidad a estar en una cama de terapia intensiva, luchando por su vida. Esta situación se vuelve incomprensible, ni en el peor de los sueños hubiéramos imaginado todo esto para nuestro hijo. Los médicos solo pueden contrarrestar y nivelar los daños que la bacteria va produciendo. Nos llenamos de impotencia al no poder hacer nada para aliviar su dolor. Sólo podemos rezar para que no sufra y pueda salir adelante. Son muchos los sentimientos que se van conjugando en pocos días. Sabemos que tenemos que ser fuertes, esperar, tener paciencia, tranquilizarnos, pero no hay fórmula para lograrlo, debemos apelar a todos los recursos internos para fortalecernos emocionalmente y poder trasmitir lo mejor a nuestro hijo.

Una vez superada la fase aguda comienza el proceso de recuperación. En esta etapa regresamos a casa, conviviendo con las secuelas de la enfermedad. En este periodo, los chicos y la familia debemos aprender, de a poco, los nuevos hábitos de conducta. Incorporar estos cambios lleva tiempo y también lleva tiempo recuperarse emocionalmente de todo lo vivido. Lo conveniente es ir educándolo junto al medico, y de esta manera, el niño crecerá sabiendo la dieta a realizar, los controles clínicos y si tiene que tomar medicación o no, y sobre todo, la importancia que esto representa para su salud. Con la ayuda conjunta el niño pueda incorporar el tratamiento en forma natural, sin sentir que es diferente.

Por todo lo vivido, los miedos naturales se intensifican, cualquier situación, ya sea un simple resfrió o unas líneas de fiebre, nos reavivará la vivencia traumática del SUH, generando una carga importante de ansiedad y angustia. Estos sentimientos nos van llevando a proteger a nuestro hijo de una forma especial. Muchas veces por temor a que le ocurra algo malo lo sobreprotegemos, creyendo que le evitamos sufrimientos, pero olvidamos que el experimentar, el hacer solos tiene como resultado el aprender, el crecer. Debemos transitar por la delgada línea entre cuidado y sobreprotección.

Los padres cuentan que después de las vivencias del suh, también les resulta difícil poner limites, a veces por no contradecir a los chicos, otras, por no tolerar que se pongan mal cuando se les dice “no”. De esta manera intentamos compensar lo vivido, accediendo a exigencias desmedidas de los chicos sin poder decir “no” a tiempo, escuchando frases como: “con tal que no llore, le digo todo que si”, “pobre después de todo lo que paso, que haga lo que quiera”. Es importante como padres, saber poner límites claros y no acceder a todo lo que los chicos quieren. Por el contrario entender que los límites son cercos protectores, marcos de contención y de seguridad, referentes que ayudan a ordenarse y a crecer, los limites les permiten madurar y así convertirse en seres independientes y responsables.

Las experiencias nos muestran que en la medida que sobreprotegemos y no ponemos limites claros, estamos anulando potencialidades de nuestros hijos. Los chicos deben hacer y en ese hacer muchas veces se equivocan, y el equivocarse es la única forma de aprender y desarrollarse. Muchas veces es más sencillo y más rápido hacer por ellos, pero como padres debemos ser pacientes y ayudarlos a que ellos mismos realicen sus experiencias, acompañándolos afectivamente y brindándoles las herramientas adecuadas.

Otra vez nos encontramos que no hay formulas que nos digan cómo hacer. La idea es ir descubriendo juntos cómo lo ayudamos cuándo lo cuidamos, cuándo lo limitamos y cuánto lo perjudicamos cuando lo sobreprotegemos. Establecer límites claros y no sobreproteger es una forma más de comunicarles a nuestros hijos cuánto lo amamos. En el taller “la vida después de suh” Carlos con su larga experiencia nos decía: “el niño debe hacerse cargo, valerse por si mismo, los familiares y médicos deben ir conversando con él para lograr que tome conciencia de su realidad y así ser él quien aprenda a cuidarse”.

De eso se trata. Enseñar y ayudar a nuestros hijos a que aprendan a cuidarse ellos mismos, que logren la mayor independencia posible y así asegurar los cuidados necesarios mas allá de nuestro deseo de protegerlos por siempre. Intentar encontrar el equilibrio entre los sentimientos y lo racional para poder brindar lo mejor a nuestro hijo. El trabajo que plantea el taller es reflexionar juntos acerca de todos estos miedos, estas ansiedades y angustias y pensar de qué manera no trasladar estos sentimientos a nuestros hijos. La idea es trabajar con las experiencias de todos y construir un camino intentando encontrar un equilibrio entre el cuidar y el sobreproteger.

 

Comision de Padres de LUSUH y Lic. Paula Jansen